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Seamos extraños

Chica-Cuba

Mejor seamos extraños. Seamos extraños entre más extraños. Así no temeremos el encuentro de nuestros ojos, y no evitaremos la presencia del otro después de encuentros fallidos. Seamos extraños una vez más para volver a dejar de serlo, para disfrutar de un desextrañamiento diferente al que tuvimos. Y si no resulta, seamos extraños otra vez, para intentar de nuevo, hasta que ya no sea necesario que lo seamos.

SPELL

In starless night, skin is color of moonlight.

Lying on soft sand I wait.For the sea to touch my feet, for the water to fill my being  with the long lost tranquility, and the fleeting  joy of memory.

So here I am, flesh And bone, sand, night and moon. Here I am. The wait, the love.

 Here I am. Thread of moments, scattered in a parcel of time.

E

El café y el cigarrillo encienden tus adentros. Ambos incineran las palabras que estaban atascadas en tu garganta; palabras que perecen antes de ser pronunciadas. Un aborto de ideas inconclusas en forma de humo y aliento. Incompletas, tal vez por su fatalidad natural al pertenecer a un hombre que habla poco.

Hablas; lo suficiente como para no olvidar cómo hacerlo. Lo suficiente como para ser entendido, pero eso parece no bastar. Las personas siguen sin comprender lo que intentas decir y se alejan, por tedio o frustración.

Las palabras que articulas nacen ya mudas. Tu voz no alcanza a llegar a nadie y si lo hace no se logra quedar. Intentas escribir, pero hacerlo duele. Cada frase pesa, cada memoria empieza a parecer ficción. Momentos de basura sin sentido que se distorsionan por el efecto del tiempo sobre materia caduca. El cigarrillo y tú se consumen, una bocanada a la vez. Solos, exhalando vida y humo en el rincón más alejado de un café extraño.

Recorres el lugar con cansados ojos buscando instantes que puedas usar. Un hombre sentado un par de mesas delante de ti escribe en su teléfono, su rostro no refleja expresión alguna. Un grupo de estudiantes ríe estrepitosamente. En la barra una pareja se besa con ardor. Dos mujeres acaban de entrar tomadas de la mano y se sientan una frente a la otra en la mesa más próxima a la ventana.

La hoja sigue en blanco cuando enciendes el segundo cigarrillo. El mesero llega con tu café, sonríe, lo ignoras y se aleja. El hombre ha dejado de usar su teléfono, toma sus cosas y se va. La pareja continúa con su intermitente demostración de afecto. El grupo ha perdido energía, ahora emite débiles murmullos. Tomas un sorbo de tu café, notas que pequeñas gotas caen sobre tu pantalón

El par de chicas no ha tocado lo que pidieron, no hablan, solo se miran. Se miran fijamente, como si la persona  que está delante pudiera desaparecer si se la pierde de vista por un minuto. Esa imagen te gusta, aunque ajena, te llena de alegría. Has encontrado el momento, ahora debes pensar en las palabras.

Estudias la escena que tienes en frente, pero al hacerlo piensas en lo maravilloso que debe ser para ellas que la viven de forma inmediata. Te recuerdan la manera en que mirabas a Elena cuando apenas la conociste, cuando el intrigante enigma embellecedor la envolvía. Decides no escribir, prefieres que ese instante se mantenga etéreo, intimo, sin que un tercero lo estropee.

Terminas el café y apagas lo que resta del cigarrillo, pagas y sales del lugar. Piensas en los pedazos de ti que vas dejando en el pavimento, en el par de chicas que se han quedado en el café del que te alejas. Tu teléfono suena, es Emma. Esta noche no dormirás solo y mañana será otro día. Otro día.

***

Cerezos y Nieve I

Pétalos color rosa caen del cielo. Bailan con el aire fantasma al ritmo del silencio.

Cálida nieve y luz fría te abrazan. Sientes la caricia de hilos negros, y el beso de las flores de cerezo que descienden sobre ti con delicada paciencia.

En el agitado hechizo del silencio eres siamés pasajero. En brazos níveos de suave tacto ya no te perteneces. En ese silencio has de morir, en él has de nacer, una y otra vez.

Hasta que tu espíritu exaltado y tu agotado cuerpo, se entreguen a la dulce calma.

Persona

Su silueta se transfigura, se mezcla con los reflejos de otras personas, con las formas y las luces de afuera. Recuerdas un fragmento de “País de Nieve”, en el que un hombre contempla el reflejo de una mujer en la ventana de su vagón, algo parecido a lo que te sucede. La ves lejana, pero la ves y eso es suficiente. Al tomar distancia puedes observar, examinar con mayor detenimiento, así mantienes el enigma. De cierta forma la desconocida ya no lo es tanto. Ahora un pequeño fragmento de tu memoria le pertenece, así ella no lo sepa, y te pertenece a ti.

Afuera ves autos alineados. Procesión de luz y metal hacia el resto de la noche. Adentro te sientes sofocado, ves personas apiladas unas junto a otras, ya sea paradas o en sus asientos. Te preguntas qué piensan mientras desperdician parte de su día junto a ti en ese pedazo de metal. ¿Piensan en ello? ¿Lo harán mientras fijan su mirada a las pantallas de sus teléfonos? ¿Lo hacen al dirigirla hacia la ventana? Ya no la puedes ver, tus pensamientos se abandonan a tu eterna melancolía y tus ojos a la ciudad, el escenario en el que tú y los demás actúan.

En la oscuridad incierta de tu apartamento te das cuenta que la noche ha consumido a tu sombra, y es ahí cuando más solo te sientes; algo incompleto. Ahora esperas impaciente a que el día sea el que consuma la noche para recuperar aquello que has perdido. Das vueltas en la cama, exhausto, pero sin poder llegar a un acuerdo con el sueño. El ladrido de un perro excita a otros, y esos aullidos no ayudan. Pasan los minutos, el ruido para, el silencio que esperabas llega al fin, y con él llega también el recuerdo de la mujer a la que le pertenecen tus sueños.

Desde hace un par de semanas has padecido la punzada de un deseo indecible. Tu cuerpo arde y tu mente  trata, inútilmente, de sosegar esa sensación. Pero tu pasión se hace cada vez más irreprimible cuando la ves, o si la tienes cerca. Piensas en ella, deseas poseer su cuerpo, y que ella se haga también con el tuyo. Quieres sentir el sabor de su aliento, el calor de su desnudez y el abrazo de su flor. Imaginas a los cuerpos en dulce enfrentamiento, uno parte del otro en breve vínculo carnal, disfrutando del placer humano de perderse en otro ser, el de la conquista temporal sobre la soledad.

***

05:00

Soy una sombra. Soy un cigarrillo de color negro. Soy pies que caminan la noche. Soy piel que iluminan las luces nocturnas. Soy el extraño que pasa junto a otro extraño. Soy un par de ojos que observan y examinan. Soy la idea por la que no duermo o como. Soy la idea por la que camino solo junto a mi sombra mientras el tiempo me devora. Soy un celular que nunca suena. Soy el poco dinero en mis bolsillos. Soy un café. Soy otro cigarrillo. Soy otro extraño. Soy The Cure, Evans y Mahler. Soy los pasos que doy, y los que no doy. Soy melancolía. Soy gotas saladas. Soy humo. Soy carne que se mueve. Soy sangre, hueso y agua.  Soy aire y más humo. Soy la pausa entre caladas. Soy soledad y tranquilidad. Soy soledad y violencia. Soy la ciudad reflejada en mis anteojos, y la ciudad en mi cabeza. Soy el reflejo en la ventana de un bar.

Soy pasado en el presente. Soy el tiempo que tengo.  Soy el tiempo que se me escapa de las manos. Soy el tiempo que mato. Soy el tiempo de otros. Soy las caricias de la lluvia. Soy la voz del viento. Soy una hoja en blanco. Soy una palabra que se hace oración y luego párrafo. Soy esta página. Soy todas las páginas anteriores y las que vendrán.

Soy el licor en mis venas. Soy turbación. Soy ruido y multitud extraña. Soy soledad, cigarrillos y más licor barato. Soy una mujer que baila. Soy su cuerpo embriagante. Soy mi piel tocando la suya. Soy mi deseo y su deseo. Soy murmullos dulces al oído. Soy mi erección y su humedad. Soy pasión borracha. Soy su sexo que estrecha el mío. Soy sudor y semen. Soy “él” perdido en “ella”. Soy silencio.

Soy soledad una vez más. Soy luz pálida y el frio de las cinco. Soy pies que siguen caminando. Soy calles vacías, en domingo por la mañana. Soy hojas secas. Soy polvo, basura y mierda. Soy el último cigarrillo. Soy palabra sobre papel.

Soy mujer. Soy hombre.  Soy la idea que creo tener de mí. Soy la idea que es el reflejo de la voluntad de otros. Soy todo lo que hay pues todo es una idea. Soy una idea que algún día dejará de ser. Soy una idea que existe, una idea que vive.

***