Persona

Su silueta se transfigura, se mezcla con los reflejos de otras personas, con las formas y las luces de afuera. Recuerdas un fragmento de “País de Nieve”, en el que un hombre contempla el reflejo de una mujer en la ventana de su vagón, algo parecido a lo que te sucede. La ves lejana, pero la ves y eso es suficiente. Al tomar distancia puedes observar, examinar con mayor detenimiento, así mantienes el enigma. De cierta forma la desconocida ya no lo es tanto. Ahora un pequeño fragmento de tu memoria le pertenece, así ella no lo sepa, y te pertenece a ti.

Afuera ves autos alineados. Procesión de luz y metal hacia el resto de la noche. Adentro te sientes sofocado, ves personas apiladas unas junto a otras, ya sea paradas o en sus asientos. Te preguntas qué piensan mientras desperdician parte de su día junto a ti en ese pedazo de metal. ¿Piensan en ello? ¿Lo harán mientras fijan su mirada a las pantallas de sus teléfonos? ¿Lo hacen al dirigirla hacia la ventana? Ya no la puedes ver, tus pensamientos se abandonan a tu eterna melancolía y tus ojos a la ciudad, el escenario en el que tú y los demás actúan.

En la oscuridad incierta de tu apartamento te das cuenta que la noche ha consumido a tu sombra, y es ahí cuando más solo te sientes; algo incompleto. Ahora esperas impaciente a que el día sea el que consuma la noche para recuperar aquello que has perdido. Das vueltas en la cama, exhausto, pero sin poder llegar a un acuerdo con el sueño. El ladrido de un perro excita a otros, y esos aullidos no ayudan. Pasan los minutos, el ruido para, el silencio que esperabas llega al fin, y con él llega también el recuerdo de la mujer a la que le pertenecen tus sueños.

Desde hace un par de semanas has padecido la punzada de un deseo indecible. Tu cuerpo arde y tu mente  trata, inútilmente, de sosegar esa sensación. Pero tu pasión se hace cada vez más irreprimible cuando la ves, o si la tienes cerca. Piensas en ella, deseas poseer su cuerpo, y que ella se haga también con el tuyo. Quieres sentir el sabor de su aliento, el calor de su desnudez y el abrazo de su flor. Imaginas a los cuerpos en dulce enfrentamiento, uno parte del otro en breve vínculo carnal, disfrutando del placer humano de perderse en otro ser, el de la conquista temporal sobre la soledad.

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